Capitulo 20: Los Recuerdos de mi Padre (parte 2)

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Capitulo 20: Los Recuerdos de mi Padre (parte 2)

Mensaje por Jinn de helios el Vie Abr 24, 2009 12:37 pm

-Mi armadura… Trae… mi armadura…-Jinn miró alrededor para buscarla, pero fue Keidis quien se la extendió, el chico la tomó rápidamente, y Marcus le dijo que buscara en el interior de la armadura, así lo hizo y encontró un trozo de papel, doblado en cuatro partes, Jinn lo desdobló, y lo que vio le arrancó de una vez las lagrimas…
Era una foto, Marcus estaba en ella, sonriendo justamente como lo hacía ahora, pero cargaba en sus brazos a alguien más. Se trataba de una mujer, de largo cabello castaño y ojos verdes, vestida de forma muy casual, su rostro era increíblemente bello, sonriendo a Jinn desde el papel.
-Es tu madre…-le dijo Marcus, aun sonriendo-…un año antes de que muriera… tienes sus ojos…-el chico levantó a Marcus, y lo abrazó, las lagrimas aparecieron en los ojos de Marcus también.
La cueva comenzó a derretirse, como solidarizándose con la tristeza flotando en el aire. Arnes se había ido a una parte más alejada de la cueva, preguntándose por que había hecho eso mismo, Keidis les dio la espalda, pues le parecía que no debía intervenir en ninguna forma, y para Karen, quien no había llorado en un largo tiempo, se unió a la tristeza que se sentía en la cueva.
-Considera eso… un regalo de tu madre…-dijo Marcus, señalando la foto luego de que Jinn lo colocara lentamente en el suelo-¿ves aquel agujero en el muro…?
Marcus se refería al que había hecho cuando Jinn lo atacó con su relámpago, hasta ahora no se habían molestado en investigarla, pero Jinn tomó el brazo de Marcus y lo levantó para ayudarle a caminar, el demonio estaba muy débil para siquiera intentar caminar, y necesitó la ayuda de Karen para ponerse de pie.
-ugh… no lo tomes… a mal…-dijo Marcus, dirigiéndose a Karen-…pero eres un ángel…
Karen estuvo a punto de soltar al demonio, pero Jinn sonrió y dijo-Pero es una muy buena amiga…
-Supongo… que en gustos… se rompen géneros…-respondió Marcus, causando las risas de Karen y Jinn, lentamente llegaron al hueco en el muro de hielo, que resultó dar a un recinto congelado, en el que se erigía un altar hecho de hielo, en el que descansaba algo. Se acercaron a ver y Jinn se dio cuenta de que se trataba de una espada, envuelta en una funda dorada y gruesa, Marcus le hizo un gesto a Jinn para que lo dejara en el suelo y tomara la espada, Jinn lo hizo y la desenfundó, estaba dividida en color rojo y negro, con un borde aserrado y una cuchilla ligeramente curvada al final, el mango estaba decorado con hilos de oro y plata.
-Este es el… regalo de tu padre-anunció en voz baja Marcus, la vida escapándose de su cuerpo-Se llama Long-Chi… es una espada muy poderosa… no puedo usarla, por mis poderes… pero la guardé… para que no cayera en malas manos… úsala bien-Pero Jinn soltó la espada cuando vio que su padre comenzaba a toser sangre, se arrodilló rápidamente junto a Marcus, de nuevo con lagrimas rodando por sus mejillas.
-Karen…-dijo Jinn con voz entrecortada-debes conocer un remedio… por favor…-
El ángel evaluó un momento la situación de Marcus, y llegó a una triste conclusión…
-Lo siento… el daño es masivo… no tengo el poder para salvarlo…-
Jinn miró al agonizante Marcus y tomó su mano, llorando desconsoladamente, para Karen era una situación incomoda, en la que le hubiera gustado hacer más por el, pero era incapaz de ayudarle, ella salió de la cueva, para que Jinn tuviera la oportunidad de despedirse…
-Le daría saludos a tu madre… pero no creo que los demonios vayan al lugar… donde ella está-
-No… no es el fin… tu eres muy fuerte… puedes salir de esta…-dijo Jinn. Marcus rio suavemente, mirando a los ojos húmedos del chico.
-Soy fuerte… pero no invencible… tú y tus amigos lo han demostrado… o no habrían llegado hasta aquí…-
-Padre…-
-No olvides… quien eres… Jinn-
-No lo haré…-respondió, deseando poder volver en el tiempo y arreglar las cosas, pero ya era demasiado tarde…
Marcus, su padre, exhaló su último aliento…
Un silencio sepulcral, que se vio roto por el alarido desesperanzado de Jinn, un grito que se oiría mucho tiempo en los vientos invernales…
Jinn hubiera deseado quedarse más tiempo, pero no podía, sabía que el tiempo importaba mucho y que el futuro de todos estaba en juego, así que, usando sus poderes, derritió el suelo congelado, formando un ojo de agua, en el que metió a Marcus, sabiendo que el clima congelaría la improvisada tumba, un sepulcro eterno…
Salió de la parte interna de la cueva, con la espada enfundada en una mano y suplicando que el alma de Marcus encontrara paz, afuera encontró a Keidis, extrañamente hablando con Karen, y a Arnes “vigilando” la entrada de la cueva, cuando vieron a Jinn salir, se acercaron cuidadosamente, como si estuviera enfermo de algo muy contagioso.
-Lo siento…-dijo Karen en voz baja, Jinn asintió lentamente, indicándole que no se preocupara.
-¿Estás bien?-preguntó Keidis.
-Lo estaré…-
Arnes llegó en ese momento intuyendo que era hora de irse, podía sentir el dolor de Jinn, pero no tenían tiempo para las condolencias, había que seguir a la siguiente área, así que fue directamente a revisar la puerta del infierno, poco tiempo después, los demás se unieron a el, pero Jinn ya había visto la cerradura, y tuvo una idea que le hizo pensar que Marcus les estaba guiando…
Sin previo aviso, desenfundó su nueva espada y la clavó en el hueco de la cerradura, la puerta hizo crujir la tierra al abrirse, desprendiendo hielo del techo como polvo de cristal, dando un triste espectáculo, Jinn tomó la Long-Chi, la enfundó y entró en la puerta, ya no podía soportar estar en ese lugar ni un minuto más…
-No le mencionen nada acerca de esto-dijo Arnes, dirigiéndose a Keidis y a Karen-Necesita sobreponerse solo…
Habiendo dicho esto, siguió a Jinn en la oscuridad de la puerta.
-¿Qué se cree? No todos somos tan inconscientes como Keidis-se dijo Karen.
-Si… ¡oye!, ¿Qué fue eso?-
-Solo pensaba en voz alta…-
-¡No eso! Mira…-Keidis estaba señalando un lugar de la cueva, en el que Karen alcanzó a ver una figura que se movía rápidamente entre las rocas.
-No es nada-concluyó Karen-vamos, hay que alcanzarlos-
-Si… Vamos…-Ambos entraron a la puerta, no sin dudas en la cabeza…
De nuevo en la tierra, un grupo de “voluntarios”, del ejército y la iglesia, junto con voluntarios entre los que se contaban desde teólogos hasta gente de los pueblos cercanos, organizaron una expedición hacia el objeto salido del cráter Chiexulub, para investigar cual era su relación con los recientes acontecimientos, en conjunto, era un equipo de más de 200 geólogos, teólogos, soldados, sacerdotes, altos funcionarios de la defensa mundial y campesinos de pueblos cercanos, todos con el fijo objetivo de entrar en el interior de la montaña encontrar algo que esclareciera sus dudas. Entre sus instrumentos había libros que bien podían encapsular todo el conocimiento que el género humano ha alcanzado a través del tiempo: Atlas, biblias, libros de historia, obras literarias al respecto, cada tomo lleno de sabiduría que el numeroso equipo consideró lo suficientemente útil, además de sensores sísmicos, de presión, y un enorme taladro con el que planeaban traspasar la roca si no había entrada aparente.
Pero lo que no esperaban era…
A varios metros del suelo, había un inmenso saliente, en el cual resaltaba una gigantesca puerta que tenía grabadas cuatro siluetas, y un candado de naturaleza extraña, puesto que cada vez que alguien se acercaba a el, salía despedido varios metros hacia atrás, como si algo los empujara, trataron de usar el taladro en la puerta, pero la maquina terminó por romperse después de dos horas de tratar de entrar, y la puerta siguió sin un rasguño, así que desistieron y continuaron explorando el resto de la montaña, sin darse cuenta de la criatura que los vigilaba desde las alturas…
Entre tanto, Arnes miraba la situación en la que estaban, hasta ahora habían superado los obstáculos que se les habían presentado, de seguir así, todo saldría bien, pero el viaje estaba teniendo efectos inusuales en todos ellos. El mismo se sentía inseguro desde su pelea con Kysumi pues había quedado una pieza faltante en la historia de su pasado, y de Jinn, bueno, Arnes no era totalmente insensible ante la perdida del muchacho, perder los vínculos de su pasado, y a las pocas personas que conocían estas conexiones, debía ser algo difícil de aceptar, al menos afectaría su capacidad para concentrarse en los combates, de momento, quien estaba en mejores condiciones para pelear era Karen, pues era la que ya había peleado primero, así que el siguiente combate no solo era necesario que lo peleara, sino que, conociendo a Karen, ella iba a reclamar el derecho a combatir esta vez.
Al cruzar la intensa obscuridad que existía entre un círculo y el otro, Arnes se encontró en un paraje que no hubiera esperado ver después del valle congelado anterior a esta área, pues sus ojos captaron un material que cubría todo alrededor, dorado, aunque sin valor alguno, ligero, y muy abundante…
Arena…
La arena se extendía por todos lados, sin fin aparente, excepto que a lo lejos se podía ver una gigantesca estructura de forma indeterminada, el desierto era un lugar incomodo, la ausencia de objetos en la superficie solo indicaba que los oponentes aparecerían desde abajo, y no sería nada fácil evadirlos.
Un momento después, Keidis y Karen llegaron al lugar, Karen miró a su derecha y vio a Jinn, que miraba ausentemente la figura en el horizonte, estaba claro que sus pensamientos no estaban en la puerta, así que Karen emprendió la marcha en silencio, pero al dar unos pasos adelante, hubo una explosión en el suelo, seguida de intensas llamas y una criatura flameante armada con un látigo.
Karen estaba inmóvil en el piso…
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