Capitulo 21: Espejismos (Parte 2)

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Capitulo 21: Espejismos (Parte 2)

Mensaje por Jinn de helios el Vie Abr 24, 2009 12:41 pm

Pero al llegar frente a la estructura que habían estado cazando desde hace ya quien sabe cuanto tiempo, descubrieron que este era distinto a todo lo que habían visto hasta el momento, no estaban frente a la puerta infernal, lo que estaba ante ellos era un castillo, del mismo color de la arena, se veía bastante antiguo, con una puerta de bronce tallada irónicamente con la imagen de San Miguel enviando al infierno a Lucifer, abrirla no tenía ningún acertijo, pero se detuvieron por si era algún tipo de ilusión.
-Creo que es real-dijo Arnes, mientras le daba golpecitos con su puño.
-¿Y que estás esperando?-exclamó Keidis-¿Qué el mayordomo nos invite a pasar?
Y antes de que pudieran decirle nada más, se acercó y le dio una patada a la puerta, que se abrió de par en par sin ningún problema, para revelar el interior del enorme castillo. Jinn era un fanático del arte, y por lo mismo se quedó maravillado con los asombrosos acabados del vestíbulo que se exponía ante ellos, tallados en muros que aunque de oro, se veían del mismo color parduzco en la arena del desierto, estatuas de demonios gigantes sostenían el techo a ambos lados de la sala, exhibiendo gigantescos rubís por ojos que les hacían parecer vivos, esperando a que el grupo se acercara lo suficiente para aplastarlos, el techo era un vitral de joyas que reflejaba sombras de varios colores en el piso, alrededor de la sala había numerosos espejos, incluso junto a las escaleras gemelas que llevaban a otra puerta en la parte superior de la sala, hechas de bronce brillante, en la habitación flotaba una ola de calor más intensa que la del desierto, que se intensificó cuando la puerta se cerró y dejó ver su otra cara, más apropiada para un templo infernal: tallado en el bronce estaba la figura de Lucifer, triunfando sobre las criaturas celestiales, más que nada sobre el ángel que lo desterró a las profundidades del averno.
-¿Qué es este lugar?-preguntó Karen, entonces oyó una voz suave, elegante, pero muy imponente, una voz que indicaba la presencia del siguiente enemigo.
-Bienvenidos a mi humilde morada, la llamo “La Mansión de los Justos”-continuó la voz con remarcada elegancia, el dueño de esa voz bajaba los escalones del lado derecho con majestuosidad, su cabello cobrizo y sus facciones solemnes le daban la apariencia de un príncipe, pero sus brillantes ojos rojos lo convertían en una presencia muy amenazante, vestía un traje cuyo tejido negro parecía reflejar la oscuridad de su alma, una corbata roja tal vez muy formal para una pelea, y una capa color arena de una tela sumamente lujosa, de la que se extendía un par de alas, como las de un mirlo, aunque para Karen era solo un demonio más, no pudo evitar sorprenderse por cuan confiado era el semblante de su oponente, sonriendo como lo haría algún excéntrico que se encuentra una valiosa pintura, además, en el denotaba que no portaba arma alguna, por lo que Karen se preguntó de que forma atacaría.
-Perdonen mi descortesía- dijo el demonio, en tono soberbio, para luego inclinarse elegantemente- mi nombre es Kaim, les doy la más cordial bienvenida.
Para antes de que alguien entendiese que pasaba, el demonio chascó los dedos y frente a el apareció un larga mesa con un impresionante banquete, una ensalada con ingredientes varios que se veía preparada soberbiamente, un pavo asado sumamente tentador, frutas varias y langosta complementándolo todo, nueces en un plato se exhibían junto a una hielera con una botella de vino, al final de la mesa había un fastuoso pastel de chocolate con fresas, todo servido en una vajilla de porcelana de la mas increíble que se haya visto, el demonio se sentó con elegancia y se sirvió un plato…
-¿Qué diablos estás haciendo?-le espetó Karen.
-No quisiera ser impetuoso-respondió calmadamente mientras continuaba comiendo- pero esto se sirve mientras está caliente…-
Pero ninguno de ellos tenía la menor intención de sentarse a cenar tranquilamente con un demonio que seguramente era más hostil de lo que parecía, Karen desenfundó su alabarda, ya cansada de las demoras del demonio, este último se dio cuenta y se levantó mientras volvía a chasquear los dedos y la mesa desaparecía por completo.
-Entiendo…-suspiró el demonio-eres una chica ocupada, ni siquiera tomar la ensalada…
-Solo dinos donde está la puerta, o sino vas a salir muy lastimado…- amenazó Karen.
-¡Que espíritu más fuerte! No he visto algo así en varios siglos, realmente me intriga…-
Esas palabras aún resonaban en el aire cuando Kaim desapareció como si nunca hubiera estado ahí, pero Karen pudo sentirlo, estaba detrás de ella, así que se volteó rápidamente mientras usaba toda su fuerza para asestarle un golpe, pero cuando menos lo esperaba, el demonio detuvo su alabarda con una mano, y se acercó a muy pocos centímetros de ella.
-Que increíble…-se dijo Kaim-un espíritu tan fuerte en un cuerpo tan delicado…-
Karen dio un golpe con su espada, que el demonio esquivó para volver al lugar al que había estado antes, hasta el más ligero de sus movimientos era como un grácil baile, todo su ser destellaba una actitud como la de la realeza, sus ojos eran suspicaces y lanzaban una mirada de astucia, Kaim continuó hablando.
-El señor Lucifer me comentó de su llegada, pero a diferencia de él yo no dudaba que llegaran hasta aquí…-
-¿Acaso ves el futuro o algo así?-cuestionó Arnes.
-No, nada de eso-contestó Kaim-Pero en todo el infierno, no hay nadie con tanto conocimiento como yo-
Estas palabras las dijo con el orgullo de quien tiene el titulo de noble, nadie parecía tener algo que objetar, así que siguió su pequeño discurso.
-Yo se cual es la historia del clan de cazadores al cual uno de ustedes está involucrado, yo conozco la línea de sangre del guardián de la quinta puerta, el nombre del más talentoso general demoniaco que el infierno vio en todo un siglo y fue desterrado, y los detalles de aquella batalla donde su rival acérrimo derrotó finalmente al comandante Jinn Keylix.
El sabía cosas, que a Jinn le interesaban para saber si había más nexos entre el y su pasado, a Arnes para entender el misterio que envolvía su historia, pero para Keidis no era la gran cosa, y para Karen, mucho menos…
-A nadie le importa lo que tengas que decir, solo déjanos continuar…-
-ahh, pero claro que si, ya que entre mis vastos conocimientos, yo se a la perfección el plan del señor Lucifer-dijo el demonio.
-Eso no importa, no tienes intención de contarlo, así que apártate o pelea- respondió Karen, impaciente como estaba por entablar combate.
-De hecho quiero proponerles un trato, de esa forma no saldrán heridos…-propuso Kaim, en un tono prepotente, como si no viera a sus oponentes como algo más que cucarachas-Yo les revelaré de que se trata el plan de Lucifer, pero a cambio… ustedes se quedarán en este lugar-
-¡Que estupidez!-exclamó Karen-¡no nos sirve la información estando aquí!-
-Claro… tonto de mí…-se dijo Kaim, en un talante extraño… muy extraño-muy bien… piénsalo mientras combates contra mí.
Si esas palabras las hubiera dicho en el tono de alguien que tiene la intención de atacar, Karen hubiera anticipado el momento en que el demonio se lanzaba a la velocidad de un rayo a atacar a Karen, su tono de voz la había engañado como si nunca hubiera planeado pelear, Kaim llegó donde ella estaba y trató de asestar un golpe, ella retrocedió unos milímetros, lo suficiente para evitar que el demonio la tocara, viendo como unos cuantos de los hilos castaños de su cabello volaban frente a su cara, Kaim retrocedió, su expresión denotaba que lo hacía como gesto de cortesía, y le dejó ver a Karen las largas garras como cuchillas en las manos de Kaim, negras como las de un águila, y tan afiladas que cortaban el aire.
-¡Vas a tener que hacer algo mejor que eso!-se burló Karen al darse cuenta de que a pesar de que era rápido, solo tenía que concentrarse, además, solo la había sorprendido por la forma en la que hablaba, nada que no pudiera controlar.
-Está bien-dijo el guardián, haciendo una ligera reverencia-Voy a mostrarte lo que puedo hacer-
Sus ojos brillaron con siniestro resplandor, y junto con ellos, una extraña luz manó de los espejos que poblaban el imponente palacio, esta siguió aumentando su intensidad, cada vez más, hasta que fue imposible seguir mirando…
-Aquí termina todo…-
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