Capitulo 18: Infierno Helado (parte 1)

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Capitulo 18: Infierno Helado (parte 1)

Mensaje por Jinn de helios el Jue Mar 19, 2009 9:16 pm

Viajar entre los círculos del infierno era ya algo de costumbre, el malestar que causaba en los chicos ya casi había desaparecido, pero Jinn no se sentía bien en absoluto, era por algo que no había dicho a sus compañeros, algo que solo el sabía y que pondría en peligro la misión si llegaban a enterarse de ello.
Al llegar, todos ellos sintieron que se les helaba la sangre, y no era para menos, conjuntamente a la oscuridad innata que uno podía sentir en el aire, el quinto círculo del infierno estaba repleto algo que mantuvo los escalofríos en Jinn…
Hielo…
Estaban en un gigantesco valle congelado, allí a donde miraran había enormes cristales de hielo con siluetas dentro, y si hacían un esfuerzo, a lo lejos se veía una enorme cordillera, en la que uno podía adivinar, estaba la puerta infernal.
Lo único que Keidis sabía de esta área del infierno era que se castigaba a las almas cuyas vidas hubieran estado repletas de ira y rencor, pero no tenía ni idea hasta ahora de que pudiera atacarles, y mucho menos de la identidad del guardián de la puerta.
-Cuando lo encontremos nos preocuparemos de eso-comentó Karen, para luego agregar-o por lo menos tú te encargarás.-
Jinn no dijo nada, pero era obvio que su semblante había cambiado, aunque era difícil deducir por que, ya que sus verdaderas emociones normalmente estaban ocultas por una radiante sonrisa, y eso impidió a Karen saber a razón del cambio.
El hecho es que Jinn no creía poder derrotar al siguiente guardián de la puerta, este sentimiento se había acrecentado en cuanto llegaron a esta área. En primer lugar, todo estaba cubierto de hielo y nieve, y si el guardián de la puerta era un maestro de este elemento, entonces sus posibilidades se verían muy reducidas, eso estaba ligado a un hecho que era aún más preocupante.
Sus poderes se habían reducido…
Lo notó en el primer círculo, si bien la energía que tenía le había servido para despachar a sus enemigos, esos eran solo demonios débiles, pues en el área anterior tuvo más problemas que Keidis y Karen para defenderse de los demonios enviados por Kysumi, lo irónico de todo esto, y por consiguiente lo peor, era que sabía la razón de que su poder hubiera disminuido.
Su energía se había reducido por que el demonio Jinn había sido sellado.
Con esto en mente, Jinn no podía dejar de pensar que estaba caminando hacia una guillotina, pero tampoco se iba a echar para atrás, si iba a morir, sería luchando, pues el propósito de su poder, la razón por la que Dios o quien fuera se lo hubiera conferido, era justamente el luchar por el bien.
-¿Qué? ¿Ahí te vas a quedar?- oyó gritar a Keidis, quien junto con Karen y Arnes, ya estaban varios metros adelante.
-Ya voy-contestó Jinn con voz optimista, contraria a lo que pasaba por su cabeza-recuerda que sin ti no empieza la fiesta-
“si, lo malo es como va a terminar”, pensó Jinn y se apresuró a alcanzar a los demás.
Las ráfagas de aire helado eran sobrecogedoras, pero para mantener el paso no eran más que un inconveniente menor, y el hecho de poder ver la puerta infernal desde donde estaban era una muy buena señal, si seguían así, esto acabaría rápido, a pesar de que el tempo transcurrirá más lento en el infierno, como había explicado Keidis un rato después.
Lo escalofriante del lugar, eran los cristales de hielo que invadían todo el valle, y constantemente salían más justo en frente se ellos, con el alma que debían condenar durante toda la eternidad, muchas de estas se veían, por ejemplo, como miembros de bandas callejeras. Era obvio que en este círculo se pudiera presenciar más frecuentemente cuando un alma llegaba, con los asuntos que normalmente había en la tierra.
Arnes no tenía demasiado inconveniente con el frio, con lo que si tenía conflicto es con el hecho de no haber descubierto toda la verdad de su pasado. “Un mercenario de Lucifer, ¿no?, pues no más”.
Ya solo le faltaba recordar cual era la orden por la que lo habían desterrado, pero para eso tenía que sobrevivir a las profundidades del infierno.
Keidis se sentía optimista en cuanto a todo el asunto, desde que vio que Arnes derrotó a Kysumi, pensó que tal vez había subestimado los poderes de sus acompañantes y los propios, se imaginó que su hermano trataría de matarlo en cuanto lo viera, pero estaba seguro de que Karasu no estaba en el infierno, aunque si estuviera, le hubiera gustado retarlo para saber quien era el asesino más poderoso del infierno.
A Karen la sensación de la victoria contra Caín ya se le había pasado, a pesar de que las heridas de la batalla aún no estaban enteramente mitigadas, estaba ansiosa por la siguiente pelea, simplemente no podía esperar. Ese era su orgullo como guerrera, el único ángel que sobrevivió al infierno, después de Miguel, toda una proeza.
Luego de que recorrieron la mitad del camino, (y comenzando a aburrirse), los chicos se encontraron con algo anormal: uno de los cristales de hielo al frente de ellos comenzó a moverse como si no fuera solido, de los demás cristales comenzaron a aparecer figuras que parecían armaduras de color blanco, portando espadas y escudos de hielo, el brillo rojo en sus ojos se veía en unas rendijas horizontales a la altura de estos, todos ellos se movían como maquinas, lenta y amenazadoramente, prepararon sus armas para atacar a los cuatro intrusos.
Pero ellos no se iban a quedar tranquilos, y fue Karen la que se precipitó contra el demonio que parecía el líder de los demás, empuñando fuertemente su alabarda, seguida de Arnes, que aunque planeaba pelear contra ese mismo demonio, se tuvo que conformar con el que estaba justo a un lado.
Keidis fue aún más lejos, saltando para aterrizar entre tres de esos demonios y comenzar a pelear contra todos ellos, pero de Jinn solo se podía decir que mantuvo su distancia para atacarlos con sus relámpagos, y justo como lo había pensado, sus poderes no los acababan por completo, aunque si los debilitaba fuertemente.
Pero eso no evitó que, luego de un rato, sus compañeros hubieran liquidado a sus oponentes y Jinn siguiera rodeado de demonios.
-Oye, no es necesario tanto teatro- comentó Keidis-ya acaba con ellos.
Jinn no quería que sus compañeros supieran lo que ocurría con sus poderes, así que forzó su energía lo más que pudo para exterminar a los demonios de una buena vez.
-¡Fuego Celeste!- unas gigantescas columnas de fuego se precipitaron desde el cielo sobre los demonios, y cuando las llamas se extinguieron, los demonios habían sido reducidos a poco más que agua en el suelo…
-Vaya, pudiste hacerlo antes para…-A Arnes las palabras se le quedaron atoradas en la garganta, pues Jinn se derrumbó apoyado en sus manos y sus rodillas, el aire le faltaba, y aunque hizo un esfuerzo por levantarse y aparentar que estaba bien, pero no tuvo la energía suficiente.
-¿Qué te sucede?-dijo Karen, en tono extrañado.
-No es… nada- pero luego sintió un dolor agudo en todo el cuerpo, cosa que notaron los demás.
Sus compañeros se acercaron a ver que le sucedía, y en ese momento Jinn levantó la mirada hacia ellos, para encontrarse con expresiones de asombro.
-¿Qué les pasa?- dijo Jinn.
Sus compañeros miraban con sorpresa y algo de horror el cambio en el chico, su ojo izquierdo estaba completamente normal, pero el derecho se había tornado rojo y brillante, su mirada era sombría y temible, podían sentir el odio y la intensa maldad del demonio Jinn en su mirar.
-¿Qué demonios te está pasando?- preguntó Arnes con voz queda, más preguntándose a si mismo que a Jinn, este entendió que ya no podía seguir ocultando su situación a sus compañeros, y mientras su ojo derecho destellaba con el fuego del infierno, el izquierdo pedía por la comprensión de sus compañeros al hecho de haberles ocultado algo así, por lo tanto, Jinn les contó todo lo relacionado a la perdida de sus poderes.
-entonces… ¿significa que no quieres pelear la próxima batalla?- preguntó Karen, quien entendía su situación, pero se sentía un poco incomoda cada vez que ese ojo la miraba.
-No… no me voy a rendir por esto… yo enfrentaré al siguiente guardián… aunque me cueste la vida…- Arnes escuchó esto y no tuvo otra reacción al contestar-Son palabras valientes…-
Todos se quedaron viendo a Arnes, para escuchar lo que tenía que decir-Si crees que puedes salir victorioso en tus condiciones, entonces creo que deberías pelear.-
-¿Qué estás loco? ¿No ves que no puede ponerse en pie?-dijo Karen, pero Arnes respondió-Si alguno de nosotros pelea, heridos como estamos, el resultado será seguramente nuestra muerte, pero si Jinn es quien combate, entonces tendrá un mayor posibilidad de ganar-luego se dirigió a Jinn-lo dejamos en tus manos.
Jinn sintió que sus palabras eran innegables, por lo tanto compartió con Arnes una mirada de confianza, asegurándole en ella (o la mitad de ella) que enfrentaría con todo su poder al siguiente guardián.
-Si nos quedamos aquí, moriremos de frio y nadie va a enfrentarlo- bromeó Keidis, así que todos se pusieron en marcha a la siguiente área.
Un rato después, habían llegado a la cordillera que habían visto desde lejos, afortunadamente vieron una cueva un poco más allá de donde estaban, justo cuando se preguntaban donde estaba la siguiente puerta, entraron en la cueva en busca de un camino.
La cueva era un lugar realmente increíble, estaba repleta de cristales de hielo que no solo contenían figuras humanas, sino también demonios congelados en el hielo eterno, unos metros más adelante se encontraba la puerta infernal.
A estas alturas ya sabían que el guardián de la puerta aparecería en cualquier momento, así que Jinn dio unos pasos delante de sus compañeros, dispuesto a pelear o morir en el intento, miró a sus compañeros de viaje, procurando voltear del lado izquierdo para que la mirada que quedara grabada en sus memorias fuera la de su forma humana, ellos lo siguieron unos pasos atrás, en cierto modo admirando el coraje del que estaba haciendo alarde. El chico se detuvo ante la puerta, como si de esta fuera a surgir su oponente.
No tuvieron que esperar demasiado, la presencia del guardián se extendió como un gélido viento a través de la cueva, la niebla que apareció frente a la puerta formó un remolino que, como todos sabían, albergaba al guardián de la puerta, pero cuando esta comenzó a disiparse, Jinn no podía creer lo que veía.
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